La necesidad de crear este laboratorio (otra rama especializada de la Terapia Akáshica) apareció cuando investigábamos las extrañas energías que emitían ciertos objetos egipcios expuestos en el Museo del Louvre, en Paris. Se observó que de algunos de ellos provenían energías positivas, armonizantes, visiblemente dedicadas a la sanación o a la espiritualidad; mientras que otros objetos condensaban intensas energías negativas, tan nefastas para la vida que eran suficientes para explicar las desgracias ocurridas a los atrevidos arqueológos que pasaron por alto las advertencias de los sacerdotes egipcios.

Extrapolando los resultados de esta investigación a las artesanías y objetos de arte producidos durante estos últimos siglos, descubrimos que numerosos artistas, intuitivamente o por haber sido iniciados en tales conocimientos, sabían como plasmar en sus creaciones estas mismas energías invisibles.

Ya conviene enseñar al lector que descubrimos dos categorías de ellas, a las que hemos calificadas de «inteligentes» porque pueden actuar por decisión propia a partir de una programación compleja que la mente humana puede imponerles. Las calificadas de «no inteligentes» se comportan como cargas energéticas encerradas en objetos, como el plasma en un campo electromagnético; ellas sólo pueden ser programadas en forma elemental ya que no tienen poder de decisión propio.

Un excelente ejemplo de lo que puede explicar la teoría de la tecnoconsciencia se encuentra representado en el cuadro de «La Gioconda». Hemos descubierto que mientras lo pintaba, Leonardo da Vinci logró plasmar en ella las claves energéticas que permiten contactarse con una de esas energías inteligentes, llamadas «egrégores». Fue creada siglos antes por magos de gran poder espiritual sinceramente deseosos de fomentar una corriente de progreso en la humanidad. Estas claves se activan cuando la consciencia de cualquier admirador se dedica a observar el cuadro o una de sus reproducciones. Al instante, este egrégor (ser inteligente invisible, de creación humana y de vida milenaria) percibe la energía del tercer ojo del admirador, se conecta con la consciencia de la persona que mira el cuadro, y escribe ciertas órdenes de desarrollo en su consciencia bioenergética. Suponemos que es la intuición popular que hizo importante esta obra confiriéndole tal fama... su valor pictórico no hubiera sido un factor suficiente para lograrlo.

Hemos logrado prolongar las investigaciones lo suficientemente lejos para disociar los comportamientos energéticos y conservar solamente las energías positivas de ambas categorías. Pudimos fijar las reglas para que nuestros alumnos sean capaces de implicar estas energías en sus fabricaciones, y difundir las enseñanzas al gran público. Desde ahora podemos decir que cada persona, en pocas minutos de capacitación, cualquiera sea su nivel de estudio, puede utilizar estos métodos en su casa o su lugar de trabajo para mejorar la vida de quienes le importan. De aquí nació el primer nivel de la Terapia Akáshica, nivel llamado: «Artesanías Mágicas y Psicotrónicas». Una leve digresión, que merece ser hecha: hemos descubierto una creencia errónea. Es un cliché decir que la producción artística refleja la época en la cual se produce; precisamente descubrimos lo contrario. Es la misma creación artística, gracias a las claves invisibles que los artistas plasman en el arte y la tecnología empleada lo que hace evolucionar la conciencia de la humanidad.

Operativamente ¿cuál es el objeto de este laboratorio?
Hemos reconstituido y adaptado los métodos más antiguos que los maestros artesanos empleaban, por ejemplo, en el tejido o la pintura sobre seda, la joyería, la confección, para plasmar allí energías sanadoras que actuán gracias a la cercanía de los cuerpos sutiles del hombre que usa estas creaciones. En el campo de la escultura, los modelajes de objetos, las coladas de cerámica, la ebanistería en general, sería un error extasiarse sobre el aspecto utilitario y desdeñar el energético; no tratamos solamente de las emisiones radiónicas que ya es un tema bien conocido por el público; en efecto, todo objeto en dos o tres dimensiones refleja energías cósmicas y telúricas que tarde o temprano se combinan con nuestro desarrollo Bioenergético. No tratamos de estas energías sino de otras aún más sutiles y poderosas, micro energías que desempeñan un efecto de pedagogía espiritual y de regulación bioenergética totalmente previsible y cuantificable en laboratorio. La tecnoconsciencia (nueva tecnología creada por la Terapia Akáshica) se ocupa precisamente de generar objetos utilitarios o artísticos, capaces de captar, condensar, generar y dirigir estas energías, poniéndolas al servicio del público.

¿Cómo se manifestará el despertar de la «conciencia akáshica» en este sector? Sin dudas en una forma muy obvia; cuando el público sepa (por haberlo experimentado personalmente) que existen medios fáciles de implementar para transformar los objetos utilitarios y decorativos de nuestra vida cotidiana, en discretos generadores de salud bioenergética, poderosos armonizadores emocionales, educadores de poder mental, aceleradores de aprendizaje y de desarrollo intelectual, etc... ¿quién tendrá ganas de continuar utilizando los objetos de siempre, si por el mismo costo podrá poseer tales ventajas?

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